Crisis en las parentalidades

Carlos Tewel (Compilador), Ricardo Vergara Ediciones, Colección Niñez, adolescencias y familias en el siglo XXI,  año 2020, 156 pp. 

Este libro se hace presente como el primero de una serie acerca de Niñez, adolescencia y familia en el siglo XXI, un proyecto editorial. Carlos Tewel, el compilador del libro y director de la colección, escribe unas palabras iniciales de agradecimiento en las que hace referencia a su linaje y a sus propios lazos parentales. Inicio por demás significativo.

            He pensado al leer el libro que lo importante es tomarlo como unidad-libro, porque si bien cada artículo en sí mismo merecería su comentario y discusión, la idea es poner a jugar algunos de los elementos en torno a la temática propuesta.  

            ¿En qué consiste el término parentalidad y a qué alude? ¿Qué elige cada autor para desarrollar? ¿Cuáles son las temáticas que insisten a la hora de ubicar el porqué de una crisis?

            Por mi parte, su lectura me permitió ordenar algunas cosas sueltas del día a día en la clínica con niños y adolescentes en ese tema tan nuestro de estar “entre” los niños o niñas y sus padres. Porque nuestro trabajo se realiza fundamentalmente en un “entre”.

            El libro se titula Crisis en las parentalidades; no tengo demasiado claro si hay un tiempo que no depare crisis, si el devenir de la parentalidad no supone una crisis y si el deseo de parentalidad y la transmisión generacional no se atraviesan con crisis. La parentalidad de cada sujeto toma su raíz en su historia, drama a jugarse en cada sujeto y en cada generación. 

            En la clínica se vuelve de capital importancia no descalificar a los padres ni juzgarlos en forma normativa. Pero al evaluar las dificultades y sufrimientos de un niño se ponen inevitablemente en jaque las funciones parentales. Y ahí el tope lo pone lo que es bueno para el niño. 

            Como la variedad de abordajes elegidos por los autores del libro lo sugiere, el tema de la parentalidad depara una gran complejidad. 

            Por momentos surgen algunas posiciones apocalípticas con las que no concuerdo; no soy propensa a las generalizaciones y por más que haya fenómenos de época, se juega en cada caso la emergencia de ese sujeto infantil o adolescente que hará un camino que le es singular. Y ahí estaremos nosotros. 

            Concuerdo absolutamente en aquello en lo que varios autores insisten acerca de la pobreza a la que nos lleva la nomenclatura, diagnóstico e idea de tratamiento a que conduce el DSM, y acerca del tema del exceso de medicalización en la infancia.

            Haré un recorrido breve a partir del último artículo: “Padres y chicos hoy: entre el poeta y el autómata”, de Juan Vasen. Posiblemente parto de este artículo porque el autor hace uso de epígrafes de escritores muy atinentes al tema desarrollado, entre los cuales está Erri de Luca, a través de una breve novela en la que narra con mucha maestría el despertar del amor de un joven de 10 años hacia una joven en un verano, y todo lo que implica ese despertar. 

            Entre otras cosas, Vasen pone el énfasis en el modo en el que los medios y el consumo invaden la cotidianidad del niño, lugar que abandona la función parental. Ante esto, la perspectiva de lo que el psicoanálisis ofrece es la prevalencia del orden de la experiencia y el juego en pos de una existencia subjetiva, trabajo que supone una travesía. 

            Todos los autores compilados establecen relaciones entre los distintos factores que involucran la parentalidad; así es como Patricia Morandini Roth agrupa estos factores en riesgos parentales, desequilibrios familiares y dilemas sociales que pueden afectar a la parentalidad en crisis. Presenta algunas consultas que dejan interrogantes abiertos, en tanto son muchas las formas en las que se construye la parentalidad, y hay que poder indagarlas en cada caso. 

            Frente a las diferentes maneras de hacer familia, y al tema de la filiación, se vuelve crucial como lo reflejan varios de los textos compilados no anteponer los propios ideales respecto de lo que deparaba el pasado en cuanto al tema de la parentalidad, ni tampoco poner el acento en las bondades ilimitadas de un presente en el que se observan otras libertades y otros establecimientos de lazos familiares. La tendencia de una época es observable en la singularidad de cada caso y el acervo de un psicoanalista, como muy bien lo desarrolla el artículo de Esteban Daniel Lago, tiene su eje en la transferencia.  

            Mirta Iwan expresa con bastante precisión el efecto, no consciente, que pueden tener para las madres, en la crianza de sus bebés, la sociedad de consumo y sus mandatos culturales, la falta de tiempo presencial imprescindible para madre y bebé y la ausencia de una red de sostén que depara factores de riesgo. Estas observaciones son en sí inobjetables, porque cuando hablamos de una consulta o de un caso en análisis ya estamos en el terreno de aquello a abordar, pero en nuestra sociedad abundan muchas circunstancias en las que se viene perdiendo el tren en períodos cruciales del desarrollo de un niño. 

            Podemos leer en Graciela Ball observaciones acerca del desarrollo del bebé que deviene niño en una comunidad aborigen los wichi en la cual la autora enfatiza que se priorizan el vínculo emocional y la vida antes que las habilidades psicomotrices, en una sociedad expuesta a los flagelos de la naturaleza, que necesita criar niños aptos y conocedores de su entorno.  

            El primer artículo del libro trata de la historia del psicoanálisis de niños. Su autora, Sara Zusman Arbiser, realiza un amplio desarrollo que no escatima observaciones personales, determinadas por su experiencia, y finalmente coloca el punto de alarma en la actualidad, respecto del uso de los psicofármacos en la niñez. 

            Norma Bruner pone el acento en la transmisión intergeneracional, y expresa que no hay parentalidad sin crisis, angustias, etc. Las crisis son también procesos de transformación. Recurre a un autor que no proviene del campo del psicoanálisis, Henri Meschonnic, con su teoría del ritmo, definida por él como la organización particular del movimiento de la palabra en el lenguaje. Es interesante seguir el desarrollo que realiza la autora hacia un camino a transitar en lo que respecta a la parentalidad. 

            A la hora de abordar este tema se cruzan diferentes campos y los abordajes suponen distintos esquemas teóricos; también surge el cruce con otras disciplinas, y por sobre todo se evidencian diferentes ángulos para ingresar a la complejidad del tema. Así es como Eva Rotenberg escribe que el sostén de las funciones parentales requiere de políticas públicas, e Hilda Catz desarrolla desde su perspectiva lo que denomina el “adulticidio”, un extravío parental en cuanto a su función. 

            Estas palabras son simplemente una invitación a que el lector lea cada artículo del libro, porque cada uno tiene lo suyo. Estará en él seguir su propia búsqueda. Un agradecimiento a los autores que brindan esta posibilidad.

 Sara Cohen

saracohe@yahoo.com.ar