En hombros de un gigante

Desde el basamento rocoso subyacente a la eficacia psicoanalítica

Héctor Krakov. Ed. Natalia Monsegur. Año 2021, 272 pp.  e-Book

El título del libro, editado en junio de 2010 como e-Book, sintetiza y orienta sobre su contenido. La propuesta implícita es poner en debate la eficacia clínica del psicoanálisis. Ubicado en los “hombros de un gigante”, como posición teórica de referencia, la primera mitad del libro propone una síntesis conceptual de los trabajos técnicos freudianos. La expectativa es posibilitarle al lector hacer un recorrido teórico, siguiendo la línea que el propio Freud marcó a lo largo del tiempo. La segunda parte del libro convoca a un debate sobre la clínica psicoanalítica. Se inicia con el “Estudio sobre el concepto de agieren” (Krakov, H., 2010), término en alemán, utilizado por Freud para la puesta en acto del inconsciente. A partir de la exploración conceptual de la obra, entre las ediciones en español, inglés y alemán, se sugiere que pudo existir un deslizamiento de sentido en la traducción del agieren al inglés, con enormes consecuencias para el psicoanálisis internacional. En particular, lo referido al blanco mental y la falta de representación, conceptos sobre los que se centró la prolífica producción de André Green.

            El libro continúa con dos casos clínicos, ofrecidos por colegas de vasta experiencia: el Dr. Roosevelt S. M. Cassorla y la Dra. María del Rosario Sánchez Grillo, quienes expusieron los tratamientos de la paciente K y de un niño de 10 años, respectivamente. En la comprensión de ambos casos fue posible hacer foco en la tensión conceptual entre las nociones de enactment y de sujeto inconsciente que propongo; término alternativo al de sujeto del inconsciente, de raigambre lacaniana. Por último, el libro continúa con la exposición de dos ejemplificaciones clínicas propias: Leandro y Hernán, y finaliza con una postulación inaugural sobre la eficacia psicoanalítica.

            Hasta aquí, una apretada síntesis del contenido del libro. Veamos ahora, con más detalle, aspectos de la columna conceptual que lo atraviesa.

            Dos definiciones del fundamento freudiano:

            1. ¿Qué es el psicoanálisis? Psicoanálisis es el nombre: a) de un procedimiento que sirve para indagar procesos anímicos difícilmente accesibles por otras vías; b) de un método de tratamiento de perturbaciones neuróticas, fundado en esa indagación, y           c) de una serie de intelecciones psicológicas, ganadas por ese camino, que poco a poco se han ido coligando en una nueva disciplina científica (Freud, S. 1921). 

            En síntesis: El psicoanálisis es un marco teórico, un procedimiento de investigación del inconsciente en sesión y un método terapéutico.

            2. La terapia analítica: a) En sentido estricto ¿y por qué no lo tomaríamos con todo el rigor posible?, solo merece el título de psicoanálisis correcto el empeño analítico que ha conseguido levantar la amnesia que oculta para el adulto el conocimiento de su vida infantil desde su comienzo mismo (“desde el segundo hasta alrededor del quinto año de vida). [Freud, S., 1919]. b) “La rectificación con posterioridad (Nachträglich) del proceso represivo originario, la cual pone término al hiperpoder del factor cuantitativo, sería entonces la operación genuina de la terapia analítica” (Freud, S., 1937).  

            Una vez ubicada la definición de psicoanálisis, así como su perspectiva terapéutica, cabe destacar que Freud fue siempre muy escéptico sobre la eficacia clínica de los tratamientos analíticos. Por esa razón el libro menciona un par de frases textuales, para ubicar cómo Freud pensaba este tema. 

            En la Nota introductoria de James Strachey, en Análisis terminable e interminable (Freud, S., 1937a), Freud le decía a Wilhelm Fliess (carta 133): “La conclusión asintótica de la cura a mí me resulta en esencia indiferente; decepciona a los profanos” (Freud, S. [1950] 1895). A su vez, en Recordar, repetir y reelaborar (Freud, S., 1914), lo expresaba de la siguiente manera: “En esas circunstancias el médico no tiene más que esperar y consentir un decurso que no puede ser evitado, pero tampoco apurado. […] En la práctica, esta reelaboración de las resistencias puede convertirse en una ardua tarea para el analizado y en una prueba de paciencia para el médico”.

            Y en Análisis terminable e interminable (Freud, S., 1937b), lo decía así: “Tal como se puede ver en los análisis, luego de atravesar todos los estratos psicológicos, el deseo del pene (en la mujer) y la protesta masculina (el rechazo a ser poseído por un hombre en el varón) parecieran constituir la ‘roca de base’”; lo que le pone un término a la actividad analítica. Quizá debiera ser así porque, para lo psicológico, lo biológico constituye el “basamento rocoso subyacente”.  

            El tema de la eficacia insiste también en autores que consideramos de talla indiscutible. Por ejemplo, en 2002, André Green lo planteó en una conferencia que tituló De qué se trata, ofrecida en Milán, luego del Congreso Internacional de Niza de 2001: “Hemos logrado llegar a la Luna, descifrar el código genético, descubrir un rincón del misterio en lo que concierne a lo infinitamente grande y a lo infinitamente pequeño. Y, sin embargo, seguimos siendo, para nosotros mismos, misteriosos desconocidos, eso ante lo cual nos ubica la experiencia psicoanalítica todo a lo largo del tiempo. Y mientras reflexionamos, ya sea en nuestro sillón escuchando a los pacientes o ante nuestra mesa de trabajo para preparar una conferencia, no dejamos de preguntarnos: ¿De qué se trata?” (Lerner, H. y Sternbach, S. Organizaciones fronterizas, fronteras del psicoanálisis, 2007). 

            Retomaba así una reflexión de Jacques Lacan, al final de su obra: “Todavía estoy para interrogar al psicoanálisis sobre la manera en que funciona. ¿Cómo es que constituye una práctica que incluso es algunas veces eficaz?” (Lacan, J., 1977).

            Me parece de valor remarcar que, aun en la actualidad, el interrogante sigue siendo un tema no resuelto. A tal efecto, vale considerar lo que dice Juan David Nasio en su último libro (Nasio, J., 2017): “Esta pregunta que nos hacemos después del último apretón de manos y una vez que la puerta se ha cerrado tras esa persona que ya no será más nuestro paciente es la siguiente: ¿qué pasó para que ahora esté bien? Al final de cada terapia que alcanza el éxito, me hago siempre la misma pregunta y nunca puedo responderla cabalmente. Así el mejor lema que puede adoptar un psicoanalista se inspira en el célebre adagio de Ambroise Paré: ‘Yo lo asistí, Dios lo curó’. De esta manera quisiera proponerle el aforismo que me guía: Yo escucho a mi paciente con toda la fuerza de mi inconsciente como psicoanalista, pero es lo Desconocido lo que lo cura” (p. 146). [La itálica es del original].

            Parece crucial que Freud haya propuesto, al final de su obra, que lo biológico era la roca de base para lo psicológico, frase que forma parte del título del libro. Quienes somos herederos de su legado quedamos así ubicados en un punto del trayecto conceptual que parece no tener salida ni posibilita avanzar. Considero que es la razón por la que en las discusiones entre colegas se tiende a jerarquizar “lo real del cuerpo” o “la importancia de la pulsión”, tanto del paciente como del analista. Y, seguramente, también el motivo por el cual lo “no representado” pasó a considerarse, de modo insistente, en los trabajos teóricos. 

            Considero que es muy difícil saber cómo opera el psicoanálisis, desde su vertiente clínica. No me estoy refiriendo, por supuesto, a lo que dicen autores o escuelas sobre el psicoanálisis, desde el punto de vista teórico. Lo difícil es tener una clara noción del psicoanálisis como herramienta terapéutica. 

            Explorando este problema, me doy cuenta de que en las últimas dos décadas me he dedicado a trabajar conceptualmente sobre la eficacia psicoanalítica. Ese es el eje conceptual del libro, al que propongo transitar “desde los hombros de un gigante”. Tengo claro que Sigmund Freud, al descubrir y postular la existencia del inconsciente psíquico, adquirió la dimensión de un gigante. Y gracias a estar ubicado sobre sus hombros, pude generar conceptualmente un aporte que puede enriquecer el campo psicoanalítico. 

            En principio, a diferencia del sujeto del inconsciente, de raigambre lacaniana vinculada a la pulsión sexual, propongo otra noción, que denomino sujeto inconsciente. Sostengo que estamos habitados por un “sujeto en devenir”, que está obstaculizado en su despliegue. Lo considero en línea con el Spaltung freudiano, en tanto división de la personalidad psíquica, y también con la noción de verdadero Self propuesta por Winnicott.

            Tal como lo expuse en la segunda mitad de la secuencia gráfica “Mismidad y otredad” (Krakov, H., 2005), nuestro mundo mental no incluiría solo objetos, como el marco psicoanalítico lo propone, sino que, como una ampliación de la metapsicología clásica, los otros se inscribirían también en la vida psíquica en su condición de tales. De ese modo, el contenido de lo mental estaría conformado por escenas en las que el sujeto y los otros serían habitantes naturales y protagonistas de lo psíquico, por derecho propio.

            El sujeto inconsciente está siempre activo y tiende a dirimirse en las relaciones interpersonales. Cuando un paciente comienza un análisis, el sujeto inconsciente se hará presente a través del “proceso analítico”, desde el cual nos “hablará” a los psicoanalistas con su decir y hacer en sesión. No será en forma estática sino dinámica, al estilo de un carrusel. Concibo que es de ese modo como el psicoanálisis “trabaja”, ya que en función de las propuestas que los pacientes nos hacen, a veces nos tocará encarnar a alguno de los otros significativos, y otras, al propio sujeto.

            Pienso la tramitación psíquica realizándose en dos tiempos. Inicialmente, se hará a través de actos transferenciales con el analista. Y recién en un segundo momento se podrá abarcar lo puesto en acto a través del pensamiento reflexivo.

            Como las escenas que se repiten en transferencia tienen argumento y personajes, la precondición para el cambio psíquico ocurrirá cuando los pacientes, encarnando al “otro”, nos ubiquen transferencialmente en “su lugar” en la escena insistente. La modificación psíquica será efecto de la apropiación subjetiva de un “hacer” del analista, diferente de lo que fue la respuesta que el paciente tuvo en el momento en que se instaló la escena original. El apropiarse de este “hacer distinto” va a permitir, por el desanclaje y la mudanza subjetiva que conlleva, que la escena se desarticule y pierda vigencia. Remarco que esta apropiación no es una nueva identificación, esta vez con el analista. Se trata, bajo el efecto transferencial, de que el paciente consiga mudarse subjetivamente del lugar desde el cual participaba en la escena, identificado con un determinado otro significativo.

            Subrayo un aspecto central a considerar. Los pacientes no están en condiciones de realizar una mudanza subjetiva por cuenta propia. El “hacer del otro”, en este caso el analista, para desactivar la repetición y favorecer el desanclaje tiene un valor fundamental.

            Para concluir, postulo que el cambio psíquico ocurrirá en transferencia, a través de formulaciones realizativas, que implican un “hacer con el decir” del analista. Y que el paciente debiera poder apropiarse de este actuar diferente, en “escena”, al servicio de la mudanza subjetiva. 

            ¡Estoy convencido de que así generaremos un psicoanálisis clínicamente eficaz!

 Héctor A. Krakov

hectorkrakov@gmail.com