Diferentes dimensiones de lo infantil en el interior del cuerpo de la madre

Perspectiva desde una obra de arte.

Naly Durand, 1 Graciela Ficcardi 2 y Enrique Prato 3

Resumen

A partir de la relación que hizo Donald Meltzer (1994), en su libro Claustrum entre el cuadro El jardín de las delicias, del Bosco, y la fantasía que tienen los niños acerca del interior del cuerpo de la madre, se agregó otra relación, los tropismos que Bion (1996) propone como una matriz para entender el desarrollo de la mente desde los inicios de la vida.  

            Esta serie de tríadas interrelacionadas: Bosco-Meltzer-Bion; tres espacios en el interior del cuerpo de la madre, tres tropismos, junto al tríptico del Bosco, ha servido para pensar las funciones de la mente. 

            Se encuentra en la compleja y genial puesta en escena que el pintor hace de su jardín de las delicias, un bosquejo interpretativo de la relación analítica, visto desde lo infantil de ambas partes. Se llega así a la comprensión de las diferentes dimensiones en las que interjuegan los niños internos de los analistas y de los pacientes. 

Introducción

El concepto de lo infantil atraviesa al psicoanálisis desde sus inicios hasta la actualidad, tanto en la teoría como en ciertos estados mentales de pacientes y analistas, que se hacen presentes en la clínica cotidiana.   

            La propuesta del trabajo desarrollado a continuación es mostrar la geografía del interior del cuerpo de la madre desde la fantasía del niño, interrelacionando cada uno de los espacios de dicho interior con los tropismos, considerados por Bion (1996) como la matriz inicial de la vida mental. Todo ello visto a través de una obra de arte, El jardín de las delicias, tal como lo describe Meltzer (1994) en su libro Claustrum. 

Acerca de El jardín de las delicias

El jardín de las delicias es el nombre contemporáneo con el que se conoce a una de las obras más renombradas del pintor holandés Hieronymus Bosch, más conocido como el Bosco, que data del año 1480-1490 aproximadamente. Es un bello y complejo cuadro que ha generado múltiples interpretaciones. Desde el exterior, con el panel cerrado, se observa una imagen general del planeta; es una grisalla, un paisaje monocromo y desolado. Alude al tercer día de la creación y al mundo antes de la llegada de la  humanidad, gris, vacío, sin color. Solo hay formas vegetales y minerales, no hay animales ni personas. Es una manera de conseguir un dramático contraste con el colorido interior, entre un mundo antes del hombre y otro poblado por infinidad de seres (Ilustración 1).

Ilustración 1.  Tríptico cerrado.

Una obra provocativa

Al abrirse se trata de un tríptico compuesto de un panel central y dos laterales que se pueden cerrar sobre dicha tabla. Según los principales críticos de arte, este cuadro es considerado como una de las obras más provocativas, atrayentes y misteriosas de toda la pintura gótica y renacentista (Ilustración 2). 

Ilustración 2. Tríptico abierto. 

Panel izquierdo

En el panel izquierdo se puede ver una imagen del paraíso donde Dios presenta a Adán y Eva. Es un paisaje poblado de abundante flora y fauna, real e imaginaria. Un escenario armonioso, aunque también hay alusión al peligro o la maldad. Aparece el árbol de la vida y en un segundo plano, el árbol del bien y del mal o del conocimiento (Ilustración 3).

Ilustración 3. Panel izquierdo.

Panel central

En el panel central puede verse un paraíso terrenal que nunca existió, representado por un mundo de placer y felicidad.  El Bosco muestra lo efímero de esos placeres a través de las imágenes de frutos que pronto se pudren y las fuentes resquebrajadas, tal como la fragilidad de un vidrio. Aparecen hombres y mujeres jóvenes, desnudos, de distintas razas y en diferentes posiciones. Es la representación del puro placer y comodidad (Ilustración 4).

Ilustración 4. Panel central.

Panel derecho

 En el panel derecho, también conocido como El infierno musical, por las múltiples representaciones de instrumentos musicales utilizados como tortura, están pintados los tormentos del infierno al que el ser humano es condenado por su pecado. En este panel no existe naturaleza alguna y todos los males son causados por la mano del hombre (Ilustración 5).

Ilustración 5. Panel derecho.

Meltzer y El jardín de las delicias

Donald Meltzer (1994), basándose en las ideas de Melanie Klein, sobre el instinto epistemofílico del interés del bebé por el interior del cuerpo de la madre, diagrama la fantasía inconsciente de su cuerpo en tres espacios delimitados: arriba-adelante, correspondiendo a cabeza y pecho; abajo-adelante, lo que se corresponde con los genitales, y abajo-atrás, en relación directa con lo anal. Por estos tres espacios el niño fantasea entrar y salir. Pero cuando por efecto de la intensa frustración ante la separación con la madre el bebé hace una intrusión violenta en esos espacios, puede quedar enclaustrado en alguno de ellos, tiñendo su visión del mundo desde la atmósfera de cada lugar. Meltzer propone así una teoría psicopatológica explicando que quienes queden enclaustrados en la cabeza/pecho vivirán en la omnisciencia, quienes lo hagan dentro de los genitales, en la erotomanía, y en el recto predominarán las perversiones.

            Aquellos que quedan enclaustrados en el espacio cabeza/pecho son ineducables porque en su omnipotencia y omnisciencia creen saberlo todo; se sienten dueños de la verdad, se muestran intolerantes con la crítica. Su estado esencial es la indolencia, y la vitalidad la tienen puesta en conseguir cosas superfluas. Carecen de capacidad de pensamiento y juicio propio. Vivirían en lo que sería el equivalente a la primera parte del tríptico (Ilustración 3), un paraíso eterno, sin necesidad de buscar el conocimiento y sintiéndose poco menos que dioses (Ilustración 6).

Para comprender cómo vive el intruso en el espacio de los genitales, se podría entender, desde el panel central del cuadro (Ilustración 4), como una bacanal masturbatoria, con los cuerpos exhibidos y decorados como objetos irresistibles. Todo es vivido en un clima entre puberal y adolescente, en el que los cuerpos núbiles de las niñas/jóvenes se muestran para adorar un falo que no está totalmente exhibido, pero sí representado y simbolizado como fuerte y proveedor. Se correspondería con la parte central del tríptico, que representa una verdadera atmósfera en la que predomina el placer mutuo, tanto del adorador como del adorado (Ilustración 7).

            Para Meltzer (1994), quienes viven por identificación intrusiva en el área del recto (panel izquierdo, Ilustración 5), llegarían a padecer los más serios trastornos mentales. En la vida psíquica del recto predominan el sadismo y la estructura jerárquica de tiranía y sumisión masoquista. Los prisioneros de este sistema, claustrofóbico por excelencia, tienen únicamente dos opciones: aparentar conformidad o unirse al gran líder. La salida para cualquiera de las dos opciones es la degradación. La verdad se transforma en algo que no puede ser refutado y la justicia se vuelve talión. Se correspondería con el tercer panel del tríptico, en el que predomina el sadomasoquismo y el valor principal en este espacio es la supervivencia: “matar o morir” (Ilustración 8).

Ilustración 6. Árbol del conocimiento.

Ilustración 7.

Ilustración 8. Recorte panel derecho.

Bion y los tropismos

Desde la biología, el término “tropismo” hace referencia a los movimientos permanentes de los seres vivos como respuesta a un estímulo. Bion utiliza la idea de tropismo para expresar la actividad de movimiento o búsqueda de un objeto que pueda dar sentido e iniciar la vida mental. Considera a los tropismos como tendencias o actividad de la vida protomental. Esto que explica en el libro Cogitaciones lo retoma en Transformaciones para definir el conocimiento directo (A1 en la Tabla), que representa una conjunción de relaciones, un pensamiento en búsqueda de un pensador, un continente en busca de un contenido. Dice W. Bion (1996) que la actividad propia de los tropismos es la búsqueda de: 1) un objeto a quien asesinar o ser asesinado por él; 2) un objeto a quien parasitar o por el cual ser parasitado; 3) un objeto al que crear o ser creado por él. Siempre operan en conjunto formando la matriz de la cual nace toda vida mental. El vehículo de comunicación, como el grito del bebé, las sensaciones táctiles y visuales y la identificación proyectiva, lleva (como M. Klein ha descripto) a la depositación en el pecho de los tropismos que el bebé no puede controlar, ni modificar, ni desarrollar, pero que podrán controlarse y desarrollarse después de que hayan sido modificados por el objeto. El jardín de las delicias es apto para ilustrar los tropismos, pues mantiene las lógicas indeterminadas del inconsciente, se parece a los sueños. También denota una evolución en el desarrollo del hombre desde su creación, en un paraíso sin dolor, enfermedad ni esfuerzo (panel derecho, Ilustración 3), hacia un erotismo carnavalesco (panel central, Ilustraciones 4 y 9). Para llegar a un infierno (panel derecho, Ilustración 5) fruto de las manufacturas humanas tanto materiales como pasionales. Lo interesante en el cuadro del Bosco es que se pueden distinguir los tres tropismos actuando simultáneamente y observar la preponderancia de uno de ellos en cada paño. Son matrices operando al igual que los supuestos básicos grupales planteados también por Bion (1985). El paño izquierdo puede representar el tropismo de la creación, como está descripta en el capítulo I del Génesis de la Biblia (Ilustración 10). Este tropismo preponderante es acompañado por los otros. El de asesinato se puede interpretar en la roca con perfil de diablo desde donde sale la serpiente que va a tentar a la pareja y generar que sean expulsados de un estado de parasitismo en el paraíso y tendrán que ganarse el pan con el sudor de su frente (Ilustración 11).

            En el paño central prepondera el tropismo parasitario; se observa el paraíso terrenal tal como lo describe el capítulo II del Génesis en la Biblia: sin dolor ni muerte. En la última parte del tríptico predomina el tropismo de asesinato, con la conjunción del tropismo de creación, dando origen a los instrumentos musicales para la manipulación de las pasiones y el tiempo, transformándolas en los pecados capitales que parasitan el sentir humano (Ilustración 12).

Ilustración 9. Expulsión de Adán y Eva.

Ilustración 10. Adán y Eva.

Ilustración 11. Recorte panel izquierdo.

Ilustración 12. Infierno musical.

            A continuación se describirán, a través de viñetas clínicas, situaciones en las cuales analistas y/o pacientes pueden estar ubicados en algunos de los claustros. Analizaremos dichas viñetas, solo desde la perspectiva neo-kleiniana Bion/Meltzer.

“El paraíso”. “Vida dentro de la cabeza pecho”. “Crear y ser creado”

Una paciente llega a la sesión del lunes contando todas sus problemáticas familiares, desbordada y sin mediar reflexión; al modelo de una descarga dice: “Yo sé que usted me va a ayudar a solucionarlo”. El analista, ubicándose en el lugar de “solucionador”, se explaya en un sinnúmero de explicaciones académicas y superyoicas. Aquí se puede ver la actitud parasitaria de la paciente que, en vez de solicitar ayuda para entender, obliga al analista a que le solucione el problema. De esta manera crea un Dios conocedor y sabelotodo en el analista y este, en parasitismo con ella, se deja crear en ese lugar. El analista no tiene la humildad de acompañar a su paciente en la búsqueda de la verdad y se transforma en el búho del Bosco, representante pictórico de la omnisciente sabiduría, quedando enclaustrados ambos en una relación de no pensamiento (Ilustración 13).  

Ilustración 13.

“El paraíso terrenal”. “Vida en el espacio genital”. “Parasitar y ser parasitado”

Una púber de 13 años trae por primera vez a sesión una conflictiva típica actual; relata que no sabe si le gustan las chicas o los chicos o los dos o ninguno, y que ese fin de semana ha estado probando con uno y con otro; ninguno le ha dado asco, pero tampoco le ha terminado de gustar. Piensa que podría querer ser andrógina y que ha estado investigando sobre terapias hormonales, y le pide a la terapeuta que haga una entrevista con los padres y ella para que le permitan el procedimiento y evitar así el desarrollo de los caracteres sexuales femeninos, ya que todavía no ha tenido la menarca. La terapeuta acepta sin mediar ninguna intención de pensar en las actuaciones de la paciente, traídas por primera vez al análisis, pensando que hay que dejar a los púberes probar hasta encontrar lo que deseen ser. Se podría ver en esta niña al estereotipo femenino descripto por Meltzer del claustro genital. Las niñas, bellas y núbiles, no tan voluptuosas, casi al borde de la indiferenciación sexual (Ilustraciones 14 y 15). En la interacción con la analista comienzan parasitándose, aceptando una propuesta sin mediar pensamiento. Ambas creen poder ser dioses para crear un ser humano, terminando las dos en un final de asesinato, matando la posibilidad de la niña de ser un ser que pueda ir eligiendo qué ser. Por otro lado, matando la capacidad analítica de la analista. Ambas quedan enclaustradas en un estado de indiferenciación sexual evolutivo.

Ilustración 14.

Ilustración 15.

“El infierno”. “Vida en el recto”. “Asesinar y ser asesinado”

Un niño con muchas dificultades de integración social juega a repetir escenas y diálogos de dibujitos animados con muñecos de plastilina modelados por él mismo. La analista percibe que el niño se “robotiza” y aísla cuando repite sin cesar estas escenas sesión tras sesión. En un momento el niño, dramatizando desde su muñeco dibujito, dice: “Iremos por helado… pediré un helado de montaña…”. La analista, personificando otro muñeco, responde: “¡Nooo, qué es eso! No existen los helados de montaña”. El niño continúa la dramatización, aplastando al muñeco de plastilina de la analista, y pasa toda la sesión recreando escenas donde sus personajes desarman y matan a los muñecos que la analista encarna. Aquí la analista no puede dejarse parasitar por la creación del niño y poder soñarla juntos, debido a que este, más que traer algo fantasioso, trae una hipérbole de la fantasía. La analista no puede contener la hipérbole en su mente, la rebota, matando la fantasía del pequeño paciente. A su vez el niño aplasta el muñeco de la analista, representando así la muerte de esta. Las palabras de la analista, lanzadas como un cuchillo/interpretación sádica, perforan la escucha del paciente generando en él una respuesta también de ataque. Quedan así ambos enclaustrados en el sadomasoquismo, representado en la imagen del panel izquierdo del cuadro (Ilustración 16). 

            El rechazo de la identificación proyectiva genera que el tropismo y su envoltura comunicativa se conviertan en perseguidores y perseguidos y son experimentados como partículas que mienten y son rechazadas por la mente tanto del sujeto como del objeto. 

Ilustración 16.

Conclusión

Cada relación que se inicia es un punto de partida. Cada espacio que se abre es un nuevo interrogante. Las interrelaciones pueden ser infinitas. Nada de lo dicho aquí es una sentencia. Todo queda inmerso en la posibilidad de volver a ser pensado.

            El arte y el psicoanálisis están íntimamente unidos, tal como dice Keats (1819) en su poema “la verdad es belleza y la belleza verdad”. Ambos van en búsqueda de una verdad vislumbrada pero inasequible.

1 nalydu@gmail.com. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza.

2 gracielaficc@gmail.com. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza.

3 enriquejprato@hotmail.com. Miembro de la Sociedad Psicoanalítica de Mendoza.

Descriptores: ARTE / FANTASÍA / EPISTEMOFILIA / INFANCIA / MATERIAL CLÍNICO

 

Candidato a descriptor: TROPISMO

 

Abstract

Different dimensions of the infantile inside the mother’s body: Perspective
from a work of art

From the relationship that Donald Meltzer (1994) made in his book Claustrum between Bosco´s picture Garden of early delights and the fantasy that children have about the inside of the mother´s body, another relationship was added, the tropisms that Bion (1996) proposes as a matrix to understand the development of the mind since the beginning of life. This series of interrelated triads: Bosco-Meltzer-Bion; three spaces inside the mother´s body, three tropisms, with Bosco´s triptych, has served to think about the functions of the mind. Is in the complex and brilliant staging that the painter makes of his garden of delights, an interpretative outline of the analytical relationship, seen from the infantile of both parts. In this way, an understanding of the different dimensions in which the internal children of analysts and patients’ interplay is reached.

Keywords: ART / PHANTASY / EPISTEMOPHILIA / CHILDHOOD / CLINICAL MATERIAL

 

Keyword candidate: TROPISM

Resumo

Diferentes dimensões do infantil no interior do corpo da mãe: perspectiva
desde uma obra de arte

A partir da relação feita por Donald Meltzer (1994), no seu livro Claustro entre o quadro do Jardim das delícias de Bosch e a fantasia que as crianças têm sobre o interior do corpo da mãe; adicionou-se outra relação, os tropismos que Bion (1996) propõe como uma matriz para entender o desenvolvimento da mente desde o início da vida. Esta série de tríades inter-relacionadas: Bosch-Meltzer-Bion; três espaços no interior do corpo da mãe, três tropismos, junto ao tríptico de Bosch serviu para pensar as funções da mente. Encontra-se na complexa e formidável posta em cena que o pintor faz do seu jardim das delícias, um bosquejo interpretativo da relação analítica, visto desde o infantil de ambas as partes. Chega-se assim à compreensão das diferentes dimensões nas quais as crianças internas dos analistas e dos pacientes interagem.

Palavras-chave: ARTE / FANTASIA / EPISTEMOFILIA / INFÂNCIA / MATERIAL CLÍNICO

 

Candidato a descritor: TROPISMO

Bibliografía

Belting, H. (2018). Hieronymus Bosch Garden or earthly delights. Múnich, Alemania: Ed. Prestel.

Bion, W. (1985). Experiencias en grupos. Buenos Aires, Argentina: Paidós. 

Bion, W. (1996). Cogitaciones (pp. 53/55). Valencia, España: Editorial Promolibro.

Keats, J. (1819). Oda a una urna griega. Londres, Reino Unido. Publicación anónima Annals of the Fine Arts.

Meltzer, D. (1974). Los estados sexuales de la mente. Buenos Aires, Argentina: Kargieman.

Meltzer, D.  (1994). Claustrum: una investigación sobre los fenómenos claustrofóbicos. Buenos Aires, Argentina: Ed. Patia.

Perry, G. (2010). Placeres desconocidos: El jardín de las delicias en “Las setenta grandes obras de arte de la historia”. Barcelona, España: Ed. Blume.

Referencia de Imágenes

Tríptico del Jardín de las delicias. Hieronymus Bosch. El Bosco. Copyright de la imagen ©Museo Nacional del Prado (Descarga de imagen autorizada para: uso personal o privado, ámbito académico, investigación, publicaciones sin fines de lucro). https://www.museodelprado.es/coleccion/obra-de-arte/wd/02388242-6d 6a-4e9e-a992-e1311eab3609