Derivas de lo infantil en las presentaciones clínicas en primera infancia

Inscripciones arcaicas y originarias y proceso primario.

Clara Raznoszczyk Schejtman¹

Resumen

Se examina la noción de “lo infantil” a partir de la intersección entre las bases psicoanalíticas de la constitución psíquica, que reconstruyen lo temprano por après coup, y los aportes de los autores que parten del estudio de las interacciones tempranas con perspectiva intersubjetiva. 

            Se presenta un enfoque que estudia la superposición entre los procesos intersubjetivos y los de subjetivación en los infantes. Ciertas perspectivas remarcan la asimetría adulto-niño, postulando que el psiquismo del adulto antecede a la constitución psíquica del infante, mientras que otras teorías señalan que la bidireccionalidad deriva de la circulación interactiva de una transformación mutua, basada en la afectividad manifiesta y la co-creación entre el adulto y el infans. 

            Entre las teorías que sostienen la asimetría se expone la de la seducción desarrollada por Jean Laplanche y Silvia Bleichmar. Entre los enfoques que privilegian la bidireccionalidad, se presenta la perspectiva de la intersubjetividad, de Daniel Stern y Bernad Golse, y la de la regulación afectiva diádica, la autorregulación y la desregulación, de Ed Tronick y sus colegas, así como los resultados de una investigación realizada en la Universidad de Buenos Aires basada en interacciones filmadas de díadas y entrevistas en profundidad con las madres. 

            Estos conocimientos aportan nuevas estrategias para construir recursos psíquicos y simbólicos a partir de una clínica específica en primera infancia. Se proponen encuadres flexibles, que complementan las sesiones vinculares en las cuales se trabaja la intersubjetividad con sesiones en las cuales se trabajan la historia y la fantasmática parental. En todos los casos se apunta a lo intrapsíquico en los padres y en el infante en constitución.

Introducción

La discrepancia entre una parte del psiquismo que evoluciona con el crecimiento y funciona en un nivel maduro, y una parte del psiquismo que permanece con modos primitivos de funcionamiento y de comprensión, es quizás el aporte más original a la salud mental del enfoque evolutivo en psicoanálisis (Fonagy y Target, 2003).

            Esta propuesta abre el interrogante acerca de la inscripción de lo infantil en el psiquismo y cuáles serán sus efectos tanto en las facilitaciones u obstrucciones de las potencialidades de un niño como en los posibles riesgos de derivas psicopatológicas. 

            Desplegaremos este interrogante desde distintas teorías, teniendo en cuenta el interjuego entre las vivencias intersubjetivas que efectivamente transita el infante humano y la resignificación de estas a partir de su compleja inscripción en el aparato psíquico. 

            Freud descubrió lo infantil a partir del análisis de sus pacientes adultos y nos legó el concepto fundante del tiempo regrediente, après coup, instalando la temporalidad en psicoanálisis como no lineal, basada en los tiempos lógicos atemporales del inconsciente y en la proclividad al trauma en la producción de síntomas y la psicopatología. 

            Gracias a este descubrimiento, el psicoanálisis posó su interés en los niños. En la actualidad asistimos a un nuevo movimiento de ampliación del campo de trabajo a bebés y niños muy pequeños en el cual, la conceptualización de la infancia no se da solo por resignificación desde la indagación del síntoma hacia los tiempos fundacionales sino a partir de la observación de interacciones tempranas y de la construcción de teorías basadas en el estudio del desarrollo psíquico en los momentos mismos de su constitución. 

            Sugerimos “poner a trabajar” la noción de lo infantil a partir de las intersecciones entre las bases psicoanalíticas de la constitución psíquica que reconstruyen lo temprano y los aportes de autores que producen teorías a partir del estudio de interacciones tempranas con perspectiva intersubjetiva. 

            La articulación entre estas dos perspectivas es parte del programa de investigación que realizamos desde la Universidad de Buenos Aires, con acreditación de UBACyT y de API, basado en la superposición entre el discurso parental y el análisis minucioso de observaciones sistemáticas de interacciones video filmadas que aportan a la construcción de nuevas herramientas para la comprensión de los procesos tempranos y para la intervención frente a la detección precoz de sufrimiento psíquico en la primera infancia (Schejtman y otros, 2014).  

Antecedentes a abordajes en primera infancia

Son conocidos los aportes de René Spitz que, a partir de 1935, comenzó a realizar investigaciones sistemáticas basadas en observaciones. Desde Tres ensayos de teoría sexual (Freud, 1905), amplió la noción de objeto libidinal y elección de objeto a la noción de relación de objeto como relaciones recíprocas entre madre e hijo, priorizando la función materna como sostenedora del desvalimiento y luego de la separación y la autonomía.

            Retomando la línea freudiana de la teoría del apuntalamiento entre pulsiones de auto-conservación y pulsiones sexuales, fusión entre necesidad biológica y necesidad afectiva, Spitz (1945) realizó un descubrimiento revelador acerca del sufrimiento psíquico de bebés y especialmente sobre la potencialidad de padecer depresiones severas y hasta los casos más graves de muerte por marasmo. Fue también el primer psicoanalista que alertó acerca de la relación entre vínculo primario y depresiones graves en la infancia. Sus estudios tuvieron un alto impacto en los departamentos de pediatría y psicoanálisis infantil en cuanto a la necesidad de prevención en salud mental. Películas de bebés aterrados, con movimientos estereotipados y repetitivos, recorrieron el mundo visibilizando los indicadores del daño a corto y largo plazo que produce la deprivación afectiva materna. 

            Desde los estudios de Spitz se produjo también un pasaje de un enfoque intrapsíquico en psicoanálisis hacia el abordaje vincular, cuyo discípulo, Bob Emde, continuó con una interesante articulación entre psicoanálisis y teorías del desarrollo centrada en el enfoque de “dos personas” respecto del estudio del funcionamiento mental inconsciente (Galatzer Levy, 2017). 

            Spitz profundizó sobre la idea freudiana acerca de que el Yo no es una estructura innata, y del valor de la función catalizadora que tiene el contacto humanizador del infante con su madre, que partiendo de una relación corporal ligada a las zonas erógenas se dirige a los objetos externos con los cuales entabla una relación simbólica. El concepto de relación objetal y sus representaciones se liga en psicoanálisis a una determinada organización de la personalidad, una aprehensión más o menos fantaseada de los objetos y a la construcción de un tipo de defensa predominante. Estos aportes constituyeron una base fundamental que ligó el vínculo primario con la psicopatología. Si bien las bases analíticas del vínculo temprano se planteaban para madres, hoy consideramos que este vínculo fundante puede ser ocupado por el adulto que se implica profundamente en la crianza y no es exclusivo de una sola persona. 

            El valor de la observación generó debates y polémicas en psicoanálisis. Sin embargo, esta línea fue tomando cada vez más impulso y se produjeron aportes valiosos como los de Esther Bick, Anna Freud y John Bowlby que llevaron a que la observación de bebés sea un pilar en la formación de psicoanalistas de niños. El método de observación de Esther Bick fue uno de los más difundidos; arrancando de la Clínica Tavistock en Londres, fue ampliando su alcance internacionalmente y sigue desarrollándose en la actualidad, también en nuestro medio. La base teórica apunta a poner de manifiesto que las envolturas psíquicas tienen raíces en el cuerpo y sobre todo en lo cutáneo, como segunda piel. En el vínculo con la madre, el bebé va construyendo una vivencia intensa de cercanía que le permite sentir su piel como continente limitante para que a partir de la continencia y el holding adulto pueda construirse su envoltorio psíquico, con equilibrio entre el cuerpo y el otro (Miller y otros, 1989).

            Winnicott (1957) también fue parte del debate de la época acerca del valor de la observación en los primeros tiempos de la vida y diferencia lo “temprano” de lo “profundo”. Lo temprano puede ser aportado por los observadores de bebés ya que estos pueden percatarse de aquello que el bebé no es capaz de hacer por su inmadurez. “Lo profundo”, en cambio, implica la interpretación psicoanalítica de un material históricamente distante de la experiencia actual del paciente —inaccesible al Yo— y que puede estar atravesado por la represión o por mecanismos más tempranos inscriptos en lo profundo de la psique, tales como la escisión y la desintegración. Existe un desfasaje entre la interpretación profunda psicoanalítica de un material clínico resultante de conjeturar acerca de situaciones de la primera infancia y aquello registrado por un observador. 

            Sugerimos trabajar sobre el desfasaje y la superposición entre lo temprano y lo profundo. Rescatamos el valor de la observación detallada de lo temprano que permite puntualizar expresiones no verbales de sufrimiento psíquico y sutiles influencias del ambiente, de las cuales el infante no puede percatarse, sin que esto sea un indicio del modo singular en que estas vivencias se inscriban en lo profundo que solo mostrará sus efectos en la resignificación posterior.

            El determinismo biológico ha sido un tema central en los estudios del desarrollo temprano. Los infantes absorben intensas percepciones sensoriales ya desde la vida intrauterina, aun cuando no haya un aparato psíquico capaz de procesarlas. 

            Estudios sobre la plasticidad neuronal confirman que las experiencias intersubjetivas tempranas dejan huellas fundantes en la red y los circuitos neuronales y que tienen efectos irreversibles para el desarrollo (Ansermett y Magistretti, 2006). Si bien existe un determinismo genético dado por caracteres heredados, las neuronas, y los procesos de transmisión de información entre ellas, sabemos hoy que estas poseen la propiedad de transformarse como efecto de la experiencia vivida y del intercambio con el medio. La genética hoy es fundamentalmente considerada epigenética (Miller, 2021).

            Ansermet y Magistretti (2006) presentan una interesante articulación entre neurociencia y psicoanálisis. Argumentan que el desarrollo del cerebro es el resultado de un programa biológico en interacción con las experiencias interhumanas tempranas en constante modificación. Plasticidad no es sinónimo de flexibilidad o de adaptabilidad permanente. La plasticidad, sin embargo, expresa en sí misma una forma de determinismo, ya que participa de la emergencia de la individualidad del sujeto que se libera del determinismo genético exclusivo. Las experiencias tempranas tienen un efecto fundamental que hace que cada sujeto sea singular y cada cerebro, único. 

            Laplanche (1987), siguiendo el modelo freudiano de las series comple-mentarias, sugiere que las predisposiciones innatas implican predominancias sensorio-motrices adaptativas y una receptividad acrecentada a las estimulaciones en zonas corporales determinadas. Estos puntos de atracción innatos serán aquellos a los cuales la pulsión va a pegarse y resulta reforzada. En este sentido, sostiene que es falsa la disyuntiva entre el niño mítico, atravesado por el significante, reconstruido a través del psicoanálisis clásico, y el niño observado por la psicología evolutiva. Estas primeras experiencias del lactante tienen un estatuto consciente, no de un puro narcisismo.

            Estas ideas de Laplanche son reivindicadas en la actualidad con nuevas investigaciones centradas en la vida intrauterina (Roussillon, 2020). 

            Proponemos considerar una relación basada en el paradigma de la complejidad en el cual se entrelazan elementos heterogéneos como lo innato, que brinda un mínimo de autonomía de percepción, umbrales de descarga, motricidad, memoria sensorial, experiencias de estados corporales, vivencias sensoriales de la vida intrauterina, percepciones interoceptivas, propioceptivas y afectos, entre otros. Estas predisposiciones y plasticidad impactarán de modo singular en cada infante. Estas primeras experiencias, al ser codificadas como de placer o displacer, aunque no registradas por el Yo, transformarán la vivencia corporal en psíquica, constituyendo la continuidad existencial entre soma y psique. 

            En esta línea, Bernard Golse (2013) sugiere la existencia de una poli-sensorialidad innata. Los bebés nacen con múltiples canales intersensoriales e interafectivos que se abrirán o cerrarán en diferente medida a partir del encuentro singular con el adulto. 

            Desde lo expuesto podemos formular que “lo infantil” se va estructurando a partir de un complejo interjuego entre el cuerpo dado y la inscripción psíquica que se codificará como interna o externa a partir de los modos singulares en que el otro humano interactúa con el infante y poniendo en juego el cuerpo y su propia construcción fantasmática. 

            Freud (1930) sugiere que el Yo narcisista infantil se caracteriza por la indiscriminación entre excitaciones internas y externas, y que justamente la tendencia del infante humano a defenderse de excitaciones displacenteras —provenientes del interior del cuerpo— con los mismos métodos con los cuales se vale contra un displacer de origen externo es el punto de partida de potenciales perturbaciones patológicas.

            La relación entre interioridad y exterioridad puede relacionarse con los procesos de intersubjetividad y subjetivación. Nos adherimos a la propuesta de Bernard Golse (2018) que ubica a la intersubjetividad como el proceso de diferenciación extra psíquica que le permite a cada individuo vivirse como separado del otro, mientras que la subjetivación le permite al niño vivirse como una persona separada (capaz de hablar en primera persona) y de pensar al otro como un individuo capaz de vivirse a sí mismo como un sujeto distinto, como un “objeto-otro-sujeto”. La intersubjetividad es el descubrimiento de la existencia del objeto y la subjetivación es el descubrimiento de sí y de un objeto que es él mismo un sujeto, en relación simétrica. El objeto que yo descubro es él mismo un sujeto, del cual yo soy el objeto (Golse y Roussillon, 2010). La intersubjetividad se juega en el campo de la realidad externa y del registro interpersonal, mientras que la subjetivación se juega en el campo de la realidad interna y del registro intrapsíquico. 

            Diferenciar entre constitución de la intersubjetividad y procesos de subjetivación nos resulta muy útil en la clínica para ubicar la superposición de ambos campos y delimitar la intensidad del sufrimiento psíquico y sus posibles determinaciones; entendiendo síntomas como conflictos entre instancias psíquicas a diferencia de trastornos en la constitución misma de las instancias psíquicas. Esta delimitación permite realizar diagnósticos y sugerir abordajes que apunten a lo intrapsíquico de cada uno de los padres y del niño y de los padres como pareja parental, así como también intervenciones en la trama intersubjetiva en construcción. La clínica singular en primera infancia requiere de encuadres flexibles que se van construyendo a partir de la delimitación de áreas de conflicto y de núcleos coagulados o rigidizados en la constitución psíquica. 

            En el siguiente apartado complejizaremos estas ideas con un recorrido conceptual en el cual focalizaremos el lugar del otro humano en teorías cuyo eje apunta mayormente a la asimetría adulto-niño y otras teorías en las cuales la bidireccionalidad es la base de su indagación.

Asimetría y bidireccionalidad en los tiempos de estructuración psíquica

Ubicamos la asimetría como la antecedencia del psiquismo del adulto en la constitución psíquica del infante en tanto que por bidireccionalidad entendemos una circulación interactiva de transformación mutua basada en la afectividad manifiesta y la co-creación entre adulto e infans. Este intercambio, plausible de ser observado, irá construyendo un sentido conjunto del mundo y un lenguaje verbal y no verbal único de la díada (Tronick, 2008). 

            Asimetría y bidireccionalidad se entretejen, se confrontan y se recomponen permanentemente según el paradigma de la complejidad en el vínculo primario y van transformándose a lo largo de la vida.

            Dentro de las teorías que sostienen la asimetría como eje de su indagación podemos incluir: la teoría de la seducción y del trasvasamiento narcisista desplegada por Jean Laplanche y Silvia Bleichmar, la perspectiva lacaniana que propone conceptos tales como antecedencia del deseo y fantasma parental que recae sobre la constitución psíquica del hijo, el estadio del espejo y el concepto de alienación-separación, entre otros. Desde la perspectiva de las teorías de la mentalización, incluimos los conceptos de funcionamiento reflexivo parental aportados por Peter Fonagy y Arietta Slade. Todos estos conceptos fueron desarrollados ampliamente en otros textos y la tesis doctoral (Schejtman, 2018b). Por la brevedad requerida, en este texto nos focalizaremos solo en la perspectiva de Laplanche y Silvia Bleichmar. 

            Entre los enfoques que privilegian la bidireccionalidad desplegaremos la perspectiva de la intersubjetividad a partir de Daniel Stern y Bernard Golse y la perspectiva de la regulación afectiva diádica, la autorregulación y la desregulación, a partir de Ed Tronick y sus colegas y de los resultados de una investigación (Schejtman y otros, 2014) basada en interacciones video filmadas de díadas y entrevistas en profundidad a las madres en las cuales se evalúa el funcionamiento reflexivo parental.

Asimetria. Teoría de la seducción, implantación intromisión, represión originaria

Laplanche y Silvia Bleichmar proponen que los tiempos de la sexualidad infantil no son dos fases de la misma sexualidad sino dos sexualidades diferentes, ya que la originaria es derivada del adulto, siempre frustrada, y quedará sepultada a partir del atravesamiento del complejo de Edipo, y la segunda sexualidad está constituida a partir de la reorganización genital en la adolescencia.

            Jean Laplanche retomó la intuición de Ferenczi (1933) acerca de la existencia de una confusión de lenguas fundacional entre el adulto y el niño que superpone el lenguaje de la pasión y el lenguaje de la ternura. La sexualización implícita en los cuidados al infans es ignorada por la madre que con su acción abre las zonas erógenas (Freud, 1905). El adulto es responsable de sostener la asimetría y la diferenciación entre el lenguaje de la pasión y el lenguaje de la ternura. El adulto seductor inicia el proceso de sexualización y humanización a través de dos modalidades: la implantación y la intromisión (Laplanche, 1992). La implantación de significantes parentales que se inscriben en la dermis psicofisiológica de un sujeto cuya instancia inconsciente aún no está diferenciada constituye un traumatismo necesario. La madre excita desde su propia sexualidad infantil reprimida y desde el Yo liga el remanente excitatorio no descargado durante la alimentación, colaborando a la estructuración del autoerotismo organizador y así manteniendo al infante a resguardo de la inundación traumática. Estos significantes recibidos pasivamente se irán traduciendo y retranscribiendo, según el modelo de estratificación de la carta 52 (Freud, 1895), complejizando así el aparato psíquico desde la inscripción sensorial y corporal hasta la representación y la simbolización, que estructurarán el inconsciente y el preconsciente. 

            La intromisión, en cambio, supone una acción sexualizada excesiva para la capacidad de metabolización del infans. Este exceso de excitación proveniente del adulto por posibles fallas en la represión de su propia sexualidad infantil constituye una sobrecarga para el aparato psíquico difícil de metabolizar, que busca descarga inmediata o es proclive al estallido (Bleichmar, 1993).

            La implantación se refiere primordialmente a la periferia perceptiva de la superficie del cuerpo creando envolturas, mientras que la intromisión apunta más a los orificios y se relaciona con la oralidad y la analidad (Laplanche, 1992).

            Sugerimos que la diferenciación entre una excitación envolvente y continente y una excitación intensa y potencialmente intrusiva focalizada en el intercambio a través de los orificios de las zonas erógenas tiene una sutil importancia clínica ya que permite diagnosticar y diferenciar entre situaciones de sobreexcitación, como por ejemplo los casos de co-lecho prolongado, de situaciones de sobreexcitación con intencionalidad de abuso.

            En el material clínico de juegos de los niños pequeños y en los dibujos de niños mayores se pueden observar indicios no metabolizados que podrían dar cuenta de acciones intromisionantes, abusivas y traumáticas (Bleichmar, 2001; Toporosi, 2018). 

            Pensamos que el modelo de la estratificación sucesiva, si bien sostiene un tiempo lógico ligado a la inscripción atemporal de los contenidos en el inconsciente, da lugar a considerar un tiempo cronológico ligado a la maduración neurobiológica que marcaría el tiempo de “lo temprano” en la constitución de lo infantil, en especial los movimientos producidos en los primeros dos años de vida destacando el alto valor preventivo que estos estudios brindan. 

            Bleichmar insiste en que la fundación del inconsciente se produce a partir de la segunda transcripción, que funda el inconsciente no existente desde el inicio de la vida y que activa el proceso primario en el cual la energía fluye libremente según los mecanismos de condensación y desplazamiento, y recién en la tercera transcripción se funda el preconsciente, caracterizado por energía ligada y el proceso secundario, en el cual la circulación entre representaciones es más estable, la búsqueda de satisfacción inmediata se ve aplazada y da lugar a la representación palabra.

            Si el inconsciente se caracteriza por un tiempo lógico atemporal, ¿cuál es el tiempo cronológico de su constitución?

            Entonces lo primario no implica lo primero. ¿Qué estatuto tienen esas primerísimas inscripciones que constituyen mensajes enigmáticos? 

            Bleichmar propone un primer tiempo pasivo de implantación de la pulsión desde el otro adulto, vivencia que el precario aparato psíquico no puede aún clasificar como interna o externa. Es lo que consideramos lo arcaico. 

            En un segundo tiempo, la represión originaria fija al inconsciente esos contenidos sexuales que provienen del otro y funda así la tópica psíquica donde aquello implantado vivenciado, pero que no tuvo siquiera estatuto consciente por la inmadurez del sistema nervioso central y la no constitución del aparato psíquico , es sepultado y da origen al aparato psíquico. Si el adulto está atravesado por la represión, colaborará en la fundación del inconsciente en el niño, habilitando una traducción fluida entre sistemas. La represión originaria sepulta aquellos contenidos arcaicos representantes de la sexualidad del otro que no tienen transcripción y forman el núcleo del inconsciente. “Originaria” porque da origen al inconsciente estructural. Sus contenidos son irreductibles, ya que provienen de la sexualidad del otro humano inscripta en el infans y da origen al inconsciente y a la representación cosa, y posteriormente al preconsciente y la representación palabra. 

            Consideramos al aparato psíquico conformado por inscripciones heterogéneas con legalidades y modos de procesamiento diverso que coexisten y se transforman en diferentes momentos de la vida. Inscripciones cargadas con diversas magnitudes de carga pulsional, de cualidad representacional, de represiones y coagulaciones. 

            Los contenidos arcaicos y originarios no pueden ser recuperados por interpretación ni por insight porque no han llegado al estatuto preconsciente que les permitiría entrar en una relación de asociación libre y de sentido metafórico. Solo pueden ser recuperados en el proceso analítico por construcciones verosímiles producidas entre paciente y terapeuta a partir de la transferencia y
la contratransferencia, y como sugiere Leuzinger-Bohleber (2015), a través del trabajo sobre memorias corporizadas (embodied memories). 

            En la primera infancia, asistimos a presentaciones caracterizadas por la retracción, la desregulación afectiva, la labilidad emocional del niño, el llanto permanente, el berrinche y la dificultad de comunicación. Cuando el cuidador maternante está desbordado o es intromisionante, el conmutador puede devolverle al niño representaciones atacantes o persecutorias y se puede dificultar la creación de circuitos de descarga y de ligazón del remanente excitatorio de la pulsión oral no descargado en el pecho o el biberón. Estos desencuentros pueden demorar la constitución de las instancias preconscientes que, a su vez, pueden producir retrasos en la comunicación y constitución del lenguaje y síntomas tales como desregulación afectiva, berrinches excesivos y dificultades para crear circuitos homeostáticos de sueño, vigilia, alimentación y apaciguamiento, todos estos motivos de consulta en bebés y niños pequeños.

            Los núcleos de lo infantil tanto arcaico, originario o restos fantasmáticos de la sexualidad infantil no sublimada pueden irrumpir en cualquier momento de la vida produciendo desestructuración frente a eventos disruptivos provenientes tanto de cambios internos como externos. Si la trama representacional está empobrecida, por un exceso de contenidos pulsionales no traducidos al sistema preconsciente, o posee agujeros psíquicos de desinvestidura o el infante padeció violencia secundaria y una precaria metabolización, los elementos arcaicos progresionan como bloques erráticos no metabolizados, caracterizados por una energía no ligada que no fue sepultada por la represión originaria. La intromisión no responde solo a vivencias de los primeros tiempos de la vida sino a situaciones que por la intensidad y potencialidad traumática no es posible traducir ni alojar y rompen la envoltura psíquica caracterizada por la red afecto-representación, inundando con energía descualificada la escena actual. Si la desarticulación es total, el Yo sucumbe como parapeto de la angustia, como en ciertos momentos de las psicosis, y si es parcial o acotada pueden producirse ciertas compulsiones, ataques de pánico, pasajes al acto, etcétera.

            Podríamos considerar a estos contenidos como un caldero pulsional de bordes no suficientemente definidos que podría estar amenazando la capacidad de investidura y de ligazón afecto-representación en los diferentes momentos de la vida, especialmente en aquellos de alta intensidad pulsional, como la adolescencia, el embarazo, el parto y el puerperio o en situaciones de duelo o de amenaza exterior como en las catástrofes sociales o naturales, como por ejemplo la pandemia de Covid-19. 

            En la adolescencia se produce una irrupción de un nuevo originario o arcaico puberal (como lo denomina Gutton, 1991) que conmociona la estructura psíquica e impone reestructuraciones objetales y narcisistas, ya que impacta en las capas más profundas del inconsciente inscriptas en máxima proximidad con lo somático. En ese sentido, en la adolescencia se produce una amenaza de progresión de lo arcaico y lo originario en el psiquismo frente a la desestructuración adolescente y esto puede ligarse a la búsqueda de experiencias de alto impacto sensorial, que aparecen a través de los pasajes al acto, y de búsqueda de experiencias emocionalmente desestabilizadoras. Si la desestructuración es muy intensa, el bloque errático no metabolizado de lo infantil puede derivar en conductas de riesgo, autolesiones y cortes, conductas adictivas o ideación suicida, entre otras.

            Para Laplanche, no hay un efecto directo entre el mensaje inconsciente de los padres y el impacto interno de este en la inscripción psíquica en el niño. El infante es un autoteorizador de aquello que vivencia se pregunta: ¿qué quiere el pecho de mí?, por eso el movimiento libidinal se genera desde el interior de su psique. El movimiento intersubjetivo entre padres e hijos conduce a una estructura intrapsíquica específica en el niño y a un modo particular de descarga y de transformación afectiva interactiva particular. De aquí surge la dirección terapéutica ubicando una conflictiva diferencial en los padres que no es homotética a la estructura que se presenta en el niño.

Bidireccionalidad e interacciones tempranas

Por bidireccionalidad entendemos una circulación interactiva de transformación mutua basada en la afectividad manifiesta y la co-creación entre adulto e infans. 

            Estudios actuales consideran que los bebés tienen un equipo biológico innato capaz de codificar experiencias antes de lograr organizarlas temporalmente como una secuencia o de construir un relato de ellas. Están preconstituidos para la intersubjetividad y para responder al ambiente cercano y aptos para percibir, representar, memorizar y sentirse a sí mismos, aunque esto no implique una percatación consciente. Lo físico y lo psíquico se influyen mutuamente, los estímulos son relacionales y su intensidad responde a una creatividad innata, son prerreflexivos y su activación responde a una multiplicidad de tendencias en un estado de mutua interpenetración y resonancias. En esta línea, una nueva corriente filosófica en la que se cuenta Brian Massumi (2013) sugiere que el giro lingüístico de la posmodernidad ubicó la preeminencia del lenguaje en el fenómeno humano y acalló otros aspectos de la existencia, y propone un llamado “giro afectivo” inspirado en el pensamiento spinoziano. Massumi alude a la pregunta de Spinoza: “¿Sabemos lo que puede un cuerpo?, para aludir a la idea de que hay facultades del cuerpo que no parten del cerebro consciente, ya que el cuerpo tiene poderes de improvisación, de inventiva, incluso capacidades de pensamiento provenientes de la actividad instintiva. Lo mental opera con lo físico prolongándolo (Massumi, 2014).

            El lugar de lo no verbal y de la cercanía entre un intercambio afectivo no consciente y no totalmente recuperable por la representación es un aporte de autores como Bernard Golse, Daniel Stern y Ed Tronick, que mencionaremos brevemente.

            Un antecedente a la perspectiva de la bidireccionalidad es el aporte de Winnicott (1971) respecto del papel de espejo del rostro de la madre. Postula su diferencia con Lacan acerca del encuentro inaugural madre-infante. Advierte la importancia de que la mirada materna refleje algo de lo que ella recibe del infans y devuelve. La madre mira a su bebé y la mirada que ella le devuelve es lo que ella ve en él. Si la madre refleja su propio estado de ánimo y su rigidez ¿qué ve el bebé?, se pregunta Winnicott. Si el rostro de la madre no responde al gesto espontáneo inaugural del niño, si los bebés no reciben de vuelta lo que dan, no se ven a sí mismos. Entonces, un espejo será algo que se mira y no algo dentro de lo cual uno se mira. La condición de existencia subjetiva va a estar en la capacidad de los adultos de percibir los gestos que el bebé emite desde su cuerpo como mensajes interactivos; ese gesto espontáneo propio desde el nacimiento es transformado a partir del registro intersubjetivo. Podemos ubicar en Winnicott un pionero en la perspectiva intersubjetiva, en la cual el infante desde el inicio tiene una capacidad de causar y producir una transformación en un adulto suficientemente sensible para percibir su gesto como mensaje singular. Esos primeros mensajes circulan a través del cuerpo.

            Consideramos que la metáfora del espejo, tanto desde la perspectiva de asimetría madre-niño planteada por Lacan en la cual la mirada de la madre otorga una completud imaginaria especular y narcisista, siempre imperfecta, a la cual el infans se aliena como desde la bidireccionalidad sugerida por Winnicott, son válidas y complementarias porque justamente expresan la co-existencia de ambos movimientos simultáneamente. 

            Golse (2021), en esta línea, considera que lo interpersonal implica que para el bebé no existe una representación de sí que no sea en interacción con el otro y no hay representación del otro que no sea una representación del otro en interacción consigo mismo. Este movimiento implica una representación intrapsíquica del lazo y relaciona así la intersubjetividad y la metapsicología. La representación del lazo entre la madre y el infante y su espacialidad es más abstracta y anterior a la representación del objeto madre. Siguiendo la metáfora del Fort Da, la representación del hilo es anterior a la representación del carretel. Golse sostiene un movimiento de lo interpersonal a lo intrapsíquico.

            La extrema sensibilidad de los bebés hacia los estímulos internos y externos hace que desarrollen un escudo protector o una envoltura protectora. El adulto forma parte del sistema de protección del bebé y su capacidad para transformar y reparar los afectos negativos puede disminuir la potencialidad de los primeros afectos amenazantes y abrumadores.

            Daniel Stern conceptualizó la experiencia interactiva temprana como la internalización de las vivencias del modo de “estar con” el otro significativo. Estas vivencias se integran a la memoria episódica relacional a través de las repetidas gratificaciones interpersonales con el cuidador primario, quien tiene a su cargo la regulación afectiva del infante y la transformación de los estados emocionales negativos en positivos. Esto puede ocurrir con conciencia por parte del infante o sin ella. Este “modo de estar con” se convierte en un patrón que se repetirá en sucesivas experiencias interpersonales, incluidas las experiencias terapéuticas en transferencia (Stern, 1985). El conocimiento relacional implícito tampoco es necesariamente inconsciente, en el sentido de ser excluido defensivamente de la conciencia, es decir, escindido o reprimido. En cambio, es parte de nuestro procesamiento no consciente nunca puesto en palabras.

            Formulamos aquí una articulación entre la noción de un inconsciente que no es producto de la represión sino de la inmadurez del sistema nervioso y de la no estructuración del aparato psíquico, como plantean Stern (modo de estar con) y Golse (representación abstracta del lazo), cuyo modo de darse en la intersubjetividad impactará en el desarrollo y los conceptos de arcaico y originario desde Laplanche y Bleichmar. Ambas perspectivas, aunque desde marcos referenciales diferentes, coinciden en que se trata de un tiempo prerepresentacional y no atravesado por el inconsciente reprimido. Sin embargo, la diferencia entre ambas posturas radicaría en que los primeros autores consideran este un proceso propio del desarrollo y los segundos lo consideran un proceso derivado de la sexualidad del adulto que implanta la sexualidad infantil en el niño, por lo tanto atravesado por el conflicto, y que por provenir de los mensajes enigmáticos desconocidos por el adulto mismo, sus contenidos fantasmáticos singulares dan origen a la fundación del inconsciente estructural, quedando sepultados via represión originaria.  

            Otro tema desarrollado en la línea de la bidireccionalidad es el de regulación afectiva. Fonagy y otros (2002) la definen como la capacidad de mantener un estado óptimo de activación del sistema nervioso y de controlar y modular respuestas afectivas. 

            Tronick (1989, 2008) sugiere que hay en los infantes una capacidad regulatoria propia ya al nacer, con importantes diferencias individuales constitucionales en la reactividad sensorial y en el logro de la homeostasis, pero esta es aún lábil e insuficiente y requiere del andamiaje regulatorio que le provee el ambiente cuidador. El adulto co-construye con el infans un sistema de regulación diádica y de transformación afectiva mutua, sostenido en la disponibilidad emocional del adulto para registrar las señales interactivas del infante. Esta conexión bidireccional expande los propios estados de conciencia del infante hacia sistemas más coherentes y complejos y así se abre al mundo de estímulos heterogéneos, novedosos y al aprendizaje.

            En nuestros proyectos de investigación a partir de la observación minuciosa de imágenes video filmadas hemos encontrado que alrededor de los 6 meses se produce el pasaje de la regulación diádica hacia la autorregulación. Los bebés construyen recursos autorregulatorios propios como el autoapaciguamiento oral y el distanciamiento, que expresan su deseo de cese de interacción y búsqueda de exploración de su propio cuerpo y el ambiente. Se ha observado que algunas madres facilitan y acompañan la autoexploración del niño facilitando el pasaje de la regulación afectiva diádica a la autorregulación y otras, con menor disponibilidad emocional y capacidad reflexiva, sobreestimulan, y en lugar de construir recursos de autorregulación, sus bebés pueden responder a esta intrusividad rigidizando las envolturas psíquicas en construcción y produciendo retracciones defensivas que dificultan el logro de la subjetivación (Schejtman et al., 2014).

            Sugerimos aquí que los procesos de intersubjetividad y subjetivación pueden observarse tempranamente ligados al pasaje de la regulación diádica a la autorregulación.  

            En nuestra observación encontramos que los juguetes constituyen un importante recurso de autorregulación organizador de la subjetividad exterior al propio cuerpo y al del cuerpo de la madre como apaciguador. También sugerimos que los recursos de autorregulación, ya sea chuparse el dedo o un juguete, pueden relacionarse con la constitución del autoerotismo ligador de la excitación sobrante. Consideramos estas actividades como un recurso narcisista saludable para hacer frente a los excesos temporarios de estímulos internos y externos, y a los intervalos producidos por la breve ausencia materna (Schejtman, 2018b).

            Mediante una observación detallada del material grabado en vídeo, diferenciamos dos modalidades en los recursos de autorregulación. La primera, más fluida, como mensaje para reparar un afecto negativo y continuar entonando con el adulto. La segunda, más defensiva, como respuesta a cierta sobreoferta materna, disminuyendo la fluidez en la interacción y con potencial riesgo de retraimiento. Distinguir entre el logro de autorregulación en contraposición al retraimiento defensivo es de alto valor clínico y fue una de las fuertes
contribuciones de la investigación al trabajo clínico en la primera infancia (Schejtman et al., 2012, 2014).

            El fracaso ambiental en la construcción de la conexión interafectiva y en la reparación de los efectos negativos puede producir dolor emocional, una profunda ansiedad de pérdida y acarrear daños en el desarrollo tanto a nivel físico como emocional y cognitivo, así como una limitación en el acercamiento hacia el mundo exterior. La desregulación afectiva frecuente y el afecto negativo pueden producir obstrucciones en el desarrollo y un cierre defensivo que convierte el escudo protector envolvente en rígido, aislando al infante del mundo social y replegándose a intereses y actividades restringidas. Algunos de estos fallos interactivos pueden producirse por depresiones maternas (Schejtman, 2018a). En estos casos el repliegue del infante puede confundirse con rasgos del espectro autista u otras problemáticas graves de la infancia. Un diagnóstico precoz de sufrimiento psíquico con una perspectiva psicoanalítica intersubjetiva no implica un etiquetamiento prematuro sino la oportunidad de una intervención terapéutica en el vínculo temprano que tiene un fuerte carácter preventivo.

Reflexiones finales

Hemos realizado una revisión acerca de “lo infantil” conjugando la perspectiva de la intersubjetividad y la subjetivación y aportes acerca de nuevos conocimientos sobre los primeros tiempos de la vida.

            Consideramos fundamental advertir acerca del valor de estudiar lo “temprano” para detectar el sufrimiento psíquico en bebés y niños pequeños, ya que en nuestra experiencia breves intervenciones en los vínculos primarios pueden cambiar el destino del niño a corto y largo plazo. 

            Lo temprano observable tempranamente no puede predecir lo profundo, pero sí puede advertir el malestar emocional de los bebés, la intensidad y frecuencia de la aparición de desregulación afectiva y las dificultades para repararla y el logro de autorregulación en el infante, así como también percibir los desequilibrios en el encuentro entre el bebé y su entorno, las fallas del adulto acerca del registro del gesto espontáneo del infante y de la transformación afectiva bidireccional. En la observación clínica en sesiones vinculares evaluamos si el bebé está abierto al mundo o si presenta retracciones y defensas rígidas frente a la inundación afectiva. Si bien los padres son los primeros que detectan dificultades para conectarse con el bebé, el temor a recibir un diagnóstico de gravedad produce angustia y una posible disociación afectiva que lleva a demorar la consulta. 

            La singularidad de una clínica en primera infancia es indagar acerca de los momentos fundantes del psiquismo en los cuales la constitución de la envoltura psíquico-corporal con predominio imaginario-narcisista inscribe la potencialidad de ser sostenido para así superar el desvalimiento y la vulnerabilidad originarios. Esta indagación se realiza por dos vías, la intersubjetividad desplegada en el momento a momento de la interacción y la escucha del discurso parental en espacios diferenciados.  

            Apuntamos a explorar el permanente interjuego entre la metabolización de los contenidos representacionales y pre-representacionales provenientes de la realidad exterior vivencial del niño y el engarce con las líneas de fuerza libidinales entramadas para detectar las predominancias de lo arcaico u originario o del proceso primario o secundario. Esta exploración, basada en la polifonía y la heterogeneidad de las inscripciones psíquicas, permite al analista discriminar entre procesos intersubjetivos y procesos intrapsíquicos (tanto de los adultos como del infante) y es una de las claves para abordar las problemáticas en la clínica que requieren encuadres flexibles orientados a explorar y dilucidar los conflictos que podrían estar obstruyendo el potencial del desarrollo del niño desde sus múltiples determinaciones. Las estrategias de intervención colaboran en la construcción de recursos psíquicos y simbólicos para apropiarse y metabolizar estímulos internos y externos, constituir un narcisismo capaz de enfrentar pérdidas y separaciones propias del atravesamiento de las distintas fases del desarrollo, acompañado por el sostén sensible y simbolizante del adulto.

¹ claraschejtman@gmail.com. Miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina.

Descriptores: INFANCIA / PSIQUISMO / OBSERVACIÓN DE LACTANTES / INTERSUBJETIVIDAD / SUBJETIVACIÓN / ASIMETRÍA / REPRESIÓN PRIMARIA / SUFRIMIENTO

 

Candidatos a descriptor: BIDIRECCIONALIDAD / PLASTICIDAD / REGULACIÓN AFECTIVA / AUTORREGULACIÓN

Abstract

The notion of “the infantile” is examined from the intersection between the psychoanalytic bases of the psychic constitution (which reconstruct the origins through the après coup) and the contributions of authors who study early interactions with an intersubjective perspective. 

            An approach that examines the overlap between intersubjective processes and those of subjectivation in infants is presented. Certain theories emphasize the adult-child asymmetry, postulating that the adult’s psyche precedes the infant’s psychic constitution, while others point out that bidirectionality derives from the interactive circulation of a mutual transformation, based on the manifest affectivity and co-creation between the adult and the infant. 

            Among the theories that support asymmetry is that of seduction developed by Jean Laplanche and Silvia Bleichmar. Among the approaches that privilege bidirectionality, the perspective of intersubjectivity, by Daniel Stern and Bernad Golse, is presented; that of dyadic affective regulation, self-regulation and deregulation, by Ed Tronick and his colleagues; as well as the results of a research conducted at the University of Buenos Aires based on filmed interactions of dyads and in-depth interviews with mothers. 

            These insights provide new strategies for developing psychic and symbolic resources from a clinical work specifically related to early childhood. Flexible frameworks are proposed, which complement bonding sessions in which the work is on intersubjectivity with others in which history and parental phantasms are approached. In all cases the focus is on the intrapsychic in the parents and in the developing infant.

Keywords: INFANCY / PSYCHISM / OBSERVATION OF INFANTS / INTERSUBJECTIVITY / SUBJECTIVATION / ASYMMETRY / PRIMARY REPRESSION / SUFFERING

 

Keyword candidates: BIDIRECTIONALITY / PLASTICITY / AFFECTIVE REGULATION / SELF-REGULATION

Resumo

Derivas do infantil nas apresentações clínicas na primeira infância. Inscrições arcaicas e originárias e processo primário 

            Neste texto se trabalhará a noção do “infantil” a partir das intersecções entre as bases psicanalíticas da constituição psíquica que reconstroem o antecipado por après coup e os aportes de autores que produzem teorias a partir do estudo de interações antecipadas com perspectiva intersubjetiva. 

            Apresenta-se-á uma abordagem que estuda a superposição entre processos intersubjetivos e processos de subjetivação nos infantes. Serão apresentadas abordagens que ressaltam a assimetria adulto-criança, defendendo a antecedência do psiquismo do adulto à constituição psíquica do infante e teorias que marcam a bidirecionalidade como a circulação interativa de transformação mútua baseada na afetividade manifesta e a cocriação entre adulto e criança. 

            Dentro das teorias que mantêm a assimetria será apresentada a teoria da sedução desenvolvida por Jean Laplanche e Silvia Bleichmar. Desde os enfoques que privilegiam a bidirecionalidade desenvolveremos a perspectiva da intersubjetividade a partir de Daniel Stern e Bernad Golse e a perspectiva da regulação afetiva diádica, a autorregularão e a desregulação a partir de Ed Tronick e seus colegas e os resultados de uma investigação realizada na Universidade de Buenos Aires (Schejtman e outros, 2014) baseada nas interações vídeo filmadas de díades e entrevistas em profundidade com as mães. 

            Estes conhecimentos aportam novas estratégias de intervenção na construção de recursos psíquicos e simbólicos a partir de uma clínica específica na primeira infância, que propõe enquadres flexíveis que sobrepõe sessões vinculares nas quais se trabalha a intersubjetividade e sessões nas quais se trabalham a história e a fantasmática parental apontando ao intrapsíquico nos pais e no infante em constituição.

Palavras-chave: INFÂNCIA / PSIQUISMO / OBSERVAÇÃO DE LACTANTES / INTERSUBJETIVIDADE / SUBJETIVAÇÃO / ASSIMETRIA / REPRESSÃO PRIMÁRIA / SOFRIMENTO

 

Candidatos a descritor: BIDIRECIONALIDADE / PLASTICIDADE / REGULAÇÃO AFETIVA / AUTORREGULAÇÃO

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